EL PESO DEL DESCONSUELO ocurre, Margareta Kluge, alias Helíade

 

(los tiempos entre el punto y la frase siguiente son un abismo emocional).

Thomas Konigsthal, Censura

Imagen: Thomas Konigsthal, Censura

Es de noche en el Terminal. El frío baja al valle desde la cordillera nevada. Espero el bus con destino al sur. Deposito mi maleta con la nebulosa determinación del que se va. Me acomodo en la ventana. El vecino es un rapado esquivo. Lee La Cuarta. Cierro los ojos. Acurrucada. Llamo al sueño. El sueño no concurre. Me aferro al asiento. Giro. Mi rodilla roza una rodilla en jeans. Me quedo allí. Rodilla-rodilla. Somnolienta. Mano percibe una mano. El vaivén del bus hace otro tanto. Minutos quizá horas. Meñique aferrado a otro meñique. Suelto meñique. Me enderezo. Miro a la izquierda. Vecino duerme hacia el pasillo. Vuelvo a acomodarme. Juego indeciso. Rozamos rodilla. Alejamos rodilla. Percibo dedos. Retiro mis dedos. El me mira. Yo me hago la dormida. La noche invita, el calor de su mano incita. Arrellanada hacia el pasillo, toco sus dedos. Uno por uno. Mis yemas cuentan historias. El frío de mi mano busca compañía. Los momentos se alargan. Las rodillas se estrechan. Nos palpamos en la oscuridad confusa de las frazadas. Una mano poderosa se acerca para asir la mía estremecida. Luego unas miradas se encuentran en medio de la noche, a la luz de la luna muy vieja que vaga perdida junto a nosotros. No me resta mucho por decir. Datos. El rapado pudo haber sido mi padre. Sus caricias y atenciones se prolongaron durante horas. Juro que no he conocido manos como aquellas. Que sus besos esquimales me incendiaron toda por dentro. Que él buscaba mi boca. Que yo lo evadía. Que cuando me bajé del bus supe que nunca lo volvería a ver. Que sólo me queda de él su nombre y el trazado ingenuo de una mano que aferra fuertemente mi libro favorito. Bocas del Tiempo, que vuelvo y vuelvo a releer.

 

 

Juan del R�o, Serie Novia de la Noche
Imagen: Juan del Río, Serie Novia de la Noche

FOGATA

HOGATA

BOGATA

BOCCATA

BOKAH– Me leo en las Bocas del Tiempo… ¿Qué nada entre dos bocas? Deliro como arena que arde. A medio vestir, derrumbada –de boca- frente a un escritorio cubierto de libros, papeles, apuntes, lápices, pañuelos, una corbata y loza usada,-y bocas usadas- ilustramos ambos el mismo caso perdido, mi escritorio y yo. A él nunca le faltan las excusas, -soy bhoucmaasnista- dice. Desde la última punta del pelo hasta las acuosas concavidades –bocosas- soy un revoltijo, un ovillo de lana enredado, o una mata de caos, un espécimen dadaísta: des-ordenada, des-objetivada, des-letrada, des-¿bocada?

Estos senos desnudos como dos boyas apoyados en el teclado de mi ordenador absorbiendo el reflejo frío del gran espejo en la pared. Y ese contacto confuso entre las teclas inorgánicas y mis pechos candentes es una alucinación tremenda, una fantasía de pequeños plásticos placeres. Pero mi vista está en el horizonte, en una masa deforme, en una piel velluda como de hombre (como de hombre?… Como de hombre). Los niños siempre preguntan por qué tía tienes barba, tienes bigote, tía por qué tienes pelito aquí… desvarío como boca (más…)

Published in: on 07/07/2007 at 4:53 PM  Comments (1)