CERA Y QUEQUE, Nisska Cruces

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En mi vida son pocas las cosas que recuerdo con tanta nitidez como el rico olor a cera.

¡Mi mamá me echó de nuevo a jugar afuera!, creo que adentro hago mucho desorden, ¡pero ella no me entiende! A quién le importa que el camarote se desordene cuando uno está salvando la tierra de extraterrestres, claro pero ella sólo piensa en el orden, ¡el orden! no me queda otra que ir a jugar. ¿A qué voy a jugar hoy? ¡Voy a ser alpinista!, menos mal que no hay nadie en el patio de atrás, ñaca-ñaca. No es tan difícil, sólo tengo que trepar por la parra, es un poco áspera y rugosa, tan flacucha y me aguanta igual, un poco de equilibrio por la muralla, y la meta… el techo de mi querida vecina, la Yaque, tiene como cuarenta años y está un poco loca pero me cae bien. Desde aquí se ve toda la calle, y vigilo todos los movimientos de los niños, ya sabré cuando estén jugando al luche, no está mal para una niña de siete años ¿verdad? Y aquí viene la Yaque, como siempre cuando escucha mis pisadas en el techo.

-Nisska, bájate del techo porfavor.
-No quiero, desde aquí se ve todo,¡mira ven!
-Nisska, te vas a caer, y no te voy recoger
-Bueno, pero sólo porque te va a escuchar mi mami con tanto griterío y no me quiero quedar encerrada.

Ya está, abajo otra vez ¿y ahora que hago? Ya sé, una casa, las toallas que están colgadas me servirán, y si las pongo así colgando del techo, se verá como pared y el macetero de mi abuela sirve de cama. Ahora me falta el almuerzo, en todas las casas se hace almuerzo. Que rico me quedó con las hojas y las flores de mi abuela, no sé por qué me reta tanto por sacarle las flores si no me dejan jugar con nada más, lo mínimo es que me deje jugar a hacer comidita, luego voy a crecer y tendré que hacer comida igual que mi mami y debo estar preparada. Ya me aburrí. Mejor voy a comerme las flores, esas amarillas que salen en los tréboles, son súper ricas, saben como a limón y como mi mami me tiene desterrada debo sobrevivir.

A ver, jugué a ser alpinista, hice una casa y almuerzo, comí flores, hice una piscina en el jardín para las muñecas la pasaron súper bien, me subí al hibisco, hice un dibujo en la pared con los cinco pesos que me encontré, uf!, me cansé.
¡grrrr!, ¡mi guata! tengo hambre, mejor voy a la casa.

– Mmm!! ¡Olor a cera!, quiero queque. Mamá, mamá dame queque.
– Todavía no, está caliente y te hace mal, anda a ver monos.
– Pucha oh!.

Lo rico de ir a jugar es volver y que esté encerado, ese olor a madera trabajada toda la tarde por pies de mujer esforzada presagian un rico y sabroso ¡queque!

Una mujer se esmera por dejar todo limpio, aseado, oloroso y ordenado, tratando de vigilar siempre a su hija que juega afuera, que no le vaya a pasar algo, porque como es seguro que hace algo que puede ser peligroso, aunque nunca le pasa nada. No le gusta echarla de la casa pero es que no deja hacer el aseo jugando y saltando, es feliz pero debe comprender que en una mediagua de dos piezas es difícil mantener el orden y decencia. Lo único que puede hacer es virutillar su pequeña pero ahora ordenada casa, luego encerarla con esa cera cremosa que debe esparcirse con la mano para que no se agrume en un solo lugar, ese olor que ella asocia a limpio, a sudor y trabajo.
Luego, mira su obra y se siente bien, aunque un poco frustrada por no poder tener algo mejor porque su marido no está, trabaja, sí, pero no para ella, no para su familia, sólo para él y sus amigos, así que piensa en que algún día lo dejará y hará su vida junto a su hija, esa hija que juega afuera sin saber de las preocupaciones de su madre.
La única felicidad es compartir con su hija buenos momentos, momentos creados por ella, se decide a, como siempre, hacer un queque para compartir con su hija, sabe que ella llegará pidiendo un trozo justo cuando está caliente, y la enviará a ver televisión, como siempre, los monitos que tanto le gustan para que se relaje.
El queque está casi listo, y ni luces de su hija, pero sabe que llegará a compartir su solitario momento con ella.
El queque está recién sacado del horno y se avecina la hija tan esperada.

– Mmm!! ¡Olor a cera!, quiero queque. Mamá, mamá dame queque.
– Todavía no, está caliente y te hace mal, anda a ver monos.
– Pucha oh!.

Y junto a su madre, luego, la niña come un rico trozo de queque con olor a cera.

– Mami, qué rico que enceraste… ¡está rico el queque!

 

Sirena del Calle-Calle

Nisska Cruces

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Ojos abiertos que miraban
al cielo a través de la
cristalina sangre
del Calle-Calle.

Piel de nieve,
labios de muerte,
musa azul sirena
dormida en su reino.

Cuerpo perdido
en un mundo plagado
de olvidos y recuerdos.

Burbujas apagadas,
alma trunca,
dolores fugaces,
gritos mudos.

Horas de espera
para aquel reencuentro
besos siniestros
sobre la mujer de agua.

¿Quién lo pensó?

Brazos que se aferran
al cuerpo de la
sirena solitaria.

Lluvia de dolor
que cae por mejillas
de mujer desgajada.
Imágenes borrosas que
se disparan a cualquier lugar.

¿Quién lo pensó?

Madre, no te preocupes…
la sirena está descansando.

 

Oscuridad y Luz
Historia de una Triste Dicotomía

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Nissca Cruces, alias Pizca

 

Oscuridad, densa oscuridad que se plantó ante mí desde aquel día funesto en que abrí los ojos para no ver más. Todo era distinto, nada se palpaba de la misma manera, comencé a imaginar lo que tocaba como un pedazo de vida que me fue arrebatado de golpe. Al comienzo, reconozco que fue difícil imaginarme en este mundo nuevo en que nada significaba ya lo mismo para mí. La voces venían de otro lugar, un mundo de ecos sin rostro, escuchaba, sí, pero no reconocía en el sonido ninguna figura recordada, entonces trataba de mirar, ver aunque sea un rayo de luz que me permitiera distinguir una figura , taraba de reconocer en ellos a las personas que alguna vez vi. Sus voces me traían imágenes furtivas, segundos de visión, como humo que forma la imagen de aquel que me mira o que no lo hace por miedo a ver mis ojos que buscan en la nada el inicio de esa voz. Todo era humo y nada, vacío dentro de lo que no se puede llenar. Hasta que descubrí una manera de ver, una manera de sentir lo que alguna vez vi, los colores, las luces, la oscuridad; porque en aquel entonces, cuando mis ojos distinguían colores, la oscuridad para mi era ver, era ver nada pero era ver, ahora para mi la oscuridad es un mundo solitario, en donde no sirve ver oscuridad, porque a diferencia del pasado en donde la oscuridad significaba perder por un minuto los colores y la distinción de las cosas, ahora la oscuridad significa todo, porque jamás varía, nunca aparece un color, una forma tocada por la luz, una sombra provocada por la luna que ilumina la noche. Cuando veía jamás me fijé en las cosas que ahora anhelo, ver por ejemplo la silueta de mi mujer tocada por la luz de la mañana al levantarse, ver la luz en sus ojos al mirarme abrazados después de un buen trago de amor, ver el rojo de sus labios al besarme, las gotas de placer saliendo por sus poros, sus manos blancas tocando mi piel oscura. No recuerdo el color de sus ojos, pues cada vez que me miraba tenía un fulgor diferente. Nunca aprecié el verde de una manzana, o lo hermoso de las hojas de un árbol tocadas por la luz del atardecer, lo maravillosas que son las gotas de lluvia cayendo desde la nada para tocar la piel del mundo, su perfección, su fuerza y delicadeza, y esa transparencia que da cuenta de que el mundo aún tiene esperanza. No valoré las sonrisas de mis seres queridos cuando me veían llegar, la alegría reflejada en los ojos de mi madre, ni la tristeza en los ojos de mi padre al verme partir. No sé si ellos divisaban en mis ojos la pena por dejarlos ahí, esperando a que la vida les dijera qué más esperaba de ellos, y tampoco sé si veían el fuego de valentía que salía de mí a causa de la meta, crear mi camino al andar y seguirlo hasta la muerte.

Creo sin embargo, haber apreciado mucho el color de la pintura acariciando el papel, el exquisito momento en que mi creación tomaba forma, y el instante de presentación, veo aún en mi mente las miradas curiosas del público expectante. Mi vida era pintar, pero no sólo representar la realidad o mi mundo ficticio, sino crear la realidad a partir de la realidad. Me sentí frustrado cuando abrí los ojos un día, y todo era oscuridad, ya nada estaba como lo dejé, me sentí como un hombre puesto en una caja de vidrio, pero nada había afuera, nada excepto oscuridad. Por un tiempo sólo quise morir, ninguno de mis cercanos quería estar a mi lado por lo odioso que me volví, mi mujer… -oh, mi hermosa mujer, mi amada mujer-, estuvo conmigo siempre soportando mi mal genio, mis insultos, mi depresión, mi inseguridad, y siguió amando a la escoria de marido que tenía, a pesar de todo.

Luego de pasar mucho tiempo en una especie de tártaro emocional, vi la luz; claro, figurativamente; y descubrí que no tenía que esconderme ante la oscuridad, que los días en que me daba miedo la oscuridad y tenía que encender la luz habían pasado, ya era un hombre, y si no cambiaba ya no sería nada ni nadie. Así es que como dicen: ‘si la vida te da la espalda, agárrale el poto’. Y así es como actué. Me convertí en un perro, ellos no distinguen colores (están mejor que yo), pero a cambio tienen un extraordinario olfato, yo no tengo ni uno ni lo otro, pero sí tengo mi talento, la habilidad que yo pensé perdida me ha dado el camino para la visión, a través de mi pintura puedo reconstruir mi mundo, ese mundo que perdí, ya no será igual, pero esa es la gracia en mi oficio, que nada sea igual a otra cosa ya existente, mi originalidad me dio la llave de oscuridad, ahora estoy en la luz, una luz que yo creé porque mi ceguera me obligó a reconstruir la realidad a imagen y semejanza de las formas que pueblan la oscuridad que me acoge.

Ahora estoy en la luz del farol que yo mismo construí, para moldear mi figura y encontrarme cada vez que me busque dentro de esta inmensa oscuridad.

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Published in: on 09/07/2007 at 3:08 PM  Comments (5)  

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5 comentariosDeja un comentario

  1. ¡Pizca!

    (no, no soy Richi, soy la Paula ¬¬)

    Me gustaron mucho sus escritos, señorita pizca (sirena del calle calle va nadando suavemente alrededor de los lobos marinos, dejándolos arrobados, la cera y el queque unen pensamientos y corazones, y la triste dicotomía descubre nuevas formas – más completas – de ver)
    La triste dicotomía es notable en cuanto al cuidado en la narración, las sensaciones y los sentimientos del pintor provocan una especie de sentimiento de apoyo (y no de compasión , no se malentienda), pero mi favorito es cera y queque: ahí está la pizca, jugando , oliendo y comiendo con su ternura característica. Ver eso reflejado en un texto es mucho más que sólo agradable ^^

    Saludos ^^

  2. ¡Sirena del Calle-Calle!
    Y me has dejado helada por dentro.
    Pienso en los centenares de cuerpos que esos brazos acuosos sostienen, cuando nadie más quiso tenerlos. Des-aparecidos a la tumba del silencio. Hágase sonar la sirena, que golpee y golpee hasta que nadie pueda hacerse el sordo, que lo que ocurre en esta ciudad sólo es posible por el mudo consentimiento de sus habitantes.
    Gracias Pizca por volver a poner ante nuestros ojos lo que continuamente negamos y por hacernos creer en la esperanza de estas sirenas del calle-calle. Porque creímos que en la felicidad volveremos a ver las estrellas.
    Margareta.
    PD: comentario nada objetivo, pero cualquier objetivación son palabras gastadas ante la inmensidad de este lenguaje.

  3. discretamente voy hacia eso que tanto anhelo, eso.. que la vida se esmera tanto en esconder … dicretamente camino hacia ese camino oculto… camino nublado por la oscuridas a veces dulce . a veces agrio… discretamente camino hacia la luz..

  4. Hola, realmente no sé quien eres, ni de donde sacaste esos pensamientos tan realistas, es cierto y gracias a cosas como estas, escritos como este, algunas personas que tenemos dones tan especiales y no los aprobechamos por dejadez, o flojera, nos hacen darnos cuenta de la dura realidad, que muchos otros, viven, y en la vida que nos ha tocado tan agraciada y no aprobechamos…

    Gracias desde mi corazón, Intentaré aprobechar mi talento, en otro sector, sin olvidarme nunca, del amor.

    Un abrazo.

  5. 11 Años Pizca dónde estás? Despierta, Despierta, Dormida, dormida


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