
No es por ser copuchenta, vecina, pero he escuchado rumores que a su hija la vieron con un hombre muy elegante con terno, plata, y sobre todo, bastante mayorcito. Todos los vieron cuando la vino a buscar a su casa con un tremendo auto, lo dicen las malas lenguas, vecinita. En todo caso, no se relaje porque tiene mi corroboración, yo la semana pasada lo vi cuando vino el muy mujeriego a buscar a la Marcelita exactamente a las 4:00 de la tarde, yo estaba barriendo afuera de la casa como siempre para mantener limpio, no ve que aquí la tratan de cochina a una después, la cosa es que tiene que darse cuenta que la Marcelita ya está grande, ¡si tiene 19 años ya!, usted como buena madre tiene que cuidarla, no ve que anda tanto aprovechador en el mundo.
¡Oiga! si no le cuento na’ que en la vuelta de la manzana hicieron tonta a la… mmm… ¡Ay! cómo se llama esta chica que es hija de Don Anselmo, el hombre que se separó porque engañó a doña Rosa con la nana, ¿la conoce usted? Una con trenza larga, morena, falda suelta y calladita, pero ¡esas son las peores, oiga!, si la falda no es lo único que tiene suelto. Viera usted cuando va a comprar pan, todos la miran de reojo y nadie la saluda, es que no es por ser copuchenta, vecinita, pero me tinca que está embarazá’, si se ve más gordita; así que ayer cuando me la encontré en el negocio de la Marta Gracia, le dije que no compre mucho pan porque enguatona, y se fue indignada la muy patuda… ¡Chhh! con esa actitud insolente demuestra claramente que está embarazá’, es que con un cabro chico en el vientre una se pone de un humor terrible, oiga; quién más que usted lo sabe que tuvo a la Marcelita y al Miguelito que no fue reconocido. No, no, no, yo estoy segurísima que está embarazá’, y no es de 1 o 2 meses, acuérdese que se separó de la señora Rosa en agosto, o sea hace poquito… Si me acuerdo clarito que fue un 24 de agosto, porque yo estaba mirando por la ventana para ver si llegaba la Norma a venderme el mote con huesillo que hace tan rico, y de paso colaboro en una obra de caridad porque a ella siempre le falta platita, no ve que tiene a su papá enfermo… La cosa es que, de pronto escucho el portazo y el grito de la señora Rosa: “!Infeliz así que con la campesina, canalla!”, y yo salí obviamente como buena vecina a defender a la señora Rosa, porque aunque no somos muy amigas, hay que defender a las mujeres, sobre todo si son pisoteadas, como la pobre… La cosa es que comenzamos a gritarle juntas a mi queridísimo don Anselmo y después le ayudé con su bolso a tomar el taxi. Mayor información no pude sacarle porque no le salían las palabras del llanto, y no es por ser copuchenta, pero me tinca que la golpeaba también, porque le vi un moretón bien feo en el cuello, obviamente había que ser tonto para pensar que era un accidente, si yo lograba divisar prácticamente la huella digital de don Anselmo… A mí que me toque un pelo un hombre, yo altiro lo denuncio a los carabineros, no voy a estar soportando cachos, por suerte que me ha tocado buena vida, si mi Nicanor, que en paz descanse, se portó un siete conmigo. Bueno, es que también lo tenía amenazado de por vida, hay que hacerse respetar desde un principio, si no creen que una es nana y se casan pa’ puro atenderlos no más… Como su hermana poh, vecina, con todo respeto, yo me he dado cuenta de cómo la tratan, es que la mala suerte de tener dos hijos hombres y un esposo, si cuando paso, camino leeento y calladita para escuchar y ¿¡Sabe, vecina!? Mmm … no le cuento ná’ mejor… (pausa de 2 segundos) … Es que de repente escucho: ¡Sonia, tráeme esto; Sonia, tráeme lo otro!; y un día la vi colgando ropa y estaba flaquita, hecha un huesiiiito, oigaaa… Es que se nota que no la alimentan!, yo que usted vecina entraría a preocuparme, podría hecharle un vistazo de vez en cuando, si al fin y al cabo es su hermana, uno puede pelear y todo pero la hermana, hermana es. Olvídese de todas esas peleas que tuvo usted el año pasado y reconcíliese de una vez por todas, si yo me doy cuenta cuando no se miran y pasan de largo cada una por su lado, y pa’ los que las vemos, bueno, deja mucho que desear poh, vecinita… ¡No se enoje, comadre! si yo se lo digo por el bien de todos; mire, pa’ que vea que tengo buena voluntad la puedo acompañar, yo soy mandá’ a hacer para reconciliar a la gente, así que, cuando diga no más. ¡¡¡LAURA!!!, así se llamaba la hija de don Anselmo con la señora Rosa, después que sucedió el problema en que yo fui la principal testigo, esa chica se tiró a la vida, si es tan importante tener una madre pa’ que la forme cuando chiquilla, oiga… Un día mientras yo estaba descansando en la esquina, entretenida mirando a la gente pasar, me pillé con la Laurita y me saluda muy delicadita y refinadita, pero no se ilusione que las apariencias engañan; si no le digo que cuando le pregunté que cómo le había ido este año, me dijo que repitió nuevamente ¡Válgame, Dios!, si esa chica me tinca que lo único que hace es pasearse con los cabros de la población… La cosa es que me contó pa’ callado que pensaba irse de su casa para dejar todos los problemas, e igual es entendible, porque no dan ganas de vivir con todo ese adulterio suelto que está en su casa, así que no la culpo. Pero ése no es el único problema, sino que ella pensaba irse acompañada con un hombre que le prometió el mundo, yo le dije que se tenía que cuidar porque esos hombres son los sinvergüenzas que aparecen en las noticias como los hombres buscadores de placer, pero a ella le entró por una oreja y le salió por la otra rápidamente… Así que ahí le tuve que decir a don Anselmo que su hija pensaba escaparse con un hombre organizador de trata de blancas, y para asegurarme por el bien de la niña, fui donde los carabineros a atestiguar al día siguiente; yo creo que mínimo le dieron su buena paliza y bien merecida que la tenía. Así que tenga cuidado con la Marcelita, no ve que yo me preocupo por ella, en todo caso cuando usted vaya a trabajar descuide porque yo voy a estar pendiente de ella, pa’ que vea que soy buena vecina… ¿Dice usted que es su papá el que la va a buscar?, ¿está segura? Mmm… es que yo como que descarto esa opción, vecina, porque esa vez la vi bien acarameladita dándose un tremendo abrazo y me acerqué para verle la cara al sinvergüenza y no tenía ningún parecido, es que yo lo conozco a él por la foto que tiene usted en la entrada de su casa, ésa que se alcanza a ver cuando aún no cierra la cortinas y prende la luz, el cuadro que tiene al lado de la combustión lenta… Buenmozo su esposo, vecina, aunque la Marcelita es pura mamá. No, si no es su padre, aparte el mismo hecho que usted esté separada de su esposo hace que ella busque una imagen paterna en un hombre tentado por el diablo… Sí, efectivamente: a las 4 de la tarde del martes pasado ¿Ah?, ¿qué su esposo la va a buscar los martes y los jueves? Mmm… claro, y no lo dudo porque Marcelita se ve una niña de bien, es que todo viene de la casa en realidad, si los valores se traspasan pues, no vamos a comparar la separación que tuvo usted con la de la señora Rosa y don Anselmo poh, porque ustedes no se separaron por infidelidad ¿verdad?… ¿No?… Claro que no, una mujer tan buenamoza como usted no la tienen por qué cambiar, debe ser porque no congeniaban ¡cierto? Si yo vi en los ojos de su ex marido resentimiento, es que debe ser complicado que lo dejen y a su edad… ¿Aaah? ¿que terminó por gente mal intencionada que llevaba rumores a la casa? Mmm… Chuta, dígamelo a mí no más, que yo convivo con tanta gente que no tiene vida ¡Si en esta población son muy copuchentos, oiga!, si le buscan la herida a todo, me va a creer que la señora de al lado una vez me dijo que yo era una vieja copuchenta y alcahueta, ¡como escuchó, vecina! Yo que tengo las mejores intenciones, cuando es ella la que ventila toda la vida del resto, no si se pasó para descarada esa mujer, después le dijo a todo el vecindario que no se podía hablar conmigo porque ¡secreto que me contaba, secreto que ya no era secreto! Noooo, si por eso me cargan los chismes, al final siempre una sale perjudicada, es muy complicado convivir con esta gentuza, oiga, es que hacen mucho daño… Lo que es yo, lo que siempre hago es alejarme de cuanto conventilleo inventan, y así una vive tranquila y preocupada de lo suyo, no más… ¿Cierto?.
Beso Violento
Sandy Milling, alias Einstein

Imagen: Sandra Suarez, Niña con bicicleta y sombrilla
Hoy besé, sí, pero hoy sí que bese, no vas a comparar este beso, con esos fríos labios de los casados de cincuenta, no hay comparación, no se puede nivelar de ningún modo, el mío fue un beso violento, apasionado y veloz, no digo que me gustó, pero que fue apasionado, fue apasionado; él estaba acostado, áspero, pálido y sucio como siempre, no quería conquistarlo, pues él no es de una sola mujer, puede sonar feo, pero en realidad se deja tocar con facilidad, y no sólo por las mujeres, no quiero decir más, tú entiendes; yo soy bien reservada.
Yo andaba en bicicleta, y al momento de ver al joven que me gustaba paré para poder echarme una manito de gato, y es que no soy nada de fea, siempre ganadora en todo, así que me peiné con mis manos, me saqué el casco, las rodilleras, las codilleras y el protector para mis dientes, así comencé andar en bici con todo el estilo, yo sentía su ansiedad para que me acercara más y más, todo el que estaba por ahí miraba y el que no, corría a verme, no sólo porque el casco, la rodillera y la tobillera hacían un pequeño ruido con el roce del piso, sino también porque mostré lo hermosa que era, así acelero cada vez más y el viento abofetea mi rostro al punto de encresparme las pestañas, mejor aún la feminidad me sale por los poros, veo que no aguantó la espera y comienza a acercarse a mí, yo sonrío con mis dientes de metal, y ese momento se pone en cámara lenta y un tanto nublado, no sé si era el latido de su corazón, o la bocina de la chica que me alertó su atropello, al ver que venía el mercedes atrás mío traté de ganarle, y como te reitero, yo soy bien ganadora, y por poco le gano, pero bueno ella envidiosísima de mi bicicleta me empujó hacía la vereda y es que yo andaba en la mitad de la calle, o sea obvio, así con el niño apuesto hubiéramos tenido un beso de película, donde la cámara rodea a la pareja y la graba en todos los ángulos, pues para eso se necesitaba espacio. Así me voy hacia el lado de la vereda con bici y todo, primero se despegan mis manos del manubrio, luego mis pies de los pedales, ya estoy en el aire, me sentía como una de Los Ángeles de Charlie, seductora, ardiente y hábil; espero que eso lo haya tomado en cuenta el joven rubio. Mi rostro comienza a mirar a mi destino, pero como siempre hermosa no cambié el gesto de alegría en mi cara, eso hubiera sido fatal en la relación que llevaba con el niño de la esquina. Así me digné a besar el piso, pero siempre con la esperanza de que mi príncipe me vendría a salvar de las horribles manos del suelo. Comencé primero tocándolo para apaciguar la pasión, y luego inmediatamente mis labios lo besaron, fue un beso mentiroso, porque mientras lo besaba estaba pensando en que lo tenía que hacer con estilo, para que al niño rubio también le dieran ganas de besarme, en fin, no me quejo, sus labios eran duros y ásperos a tal punto que me llegaron a pasar muchas cosas, cosas personales que sólo las mujeres sabemos. Tenía unos labios descuerados, que llegaban a tener gusto a piedra y a excremento, su olor era a campo, a campo libre, a campo limpio, ese olor yo creo que se lo dio la ambientación en general, y el hecho de que estuviera un caballo cerca con su regalito correspondiente. Mis manos lo tocaron con tantas ganas que me hicieron pequeñas heridas, no entiendo por qué estaba tan helado si yo soy tan mmm… tú entiendes ¿no?. En todo caso en el momento cuando lo besé sentí como se me dormía desde la boca hasta la punta de mis pies, si hasta me cambió el color de la piel, yo creo que fue un 90% calor y un 10% sangre.
Mis labios son exquisitos y eso se corrobora cuando me los muerde al punto de que me sangran, digamos que fue un beso un tanto explosivo y apasionado que me costó un diente, por suerte cuando no hablo, pasa como si los tuviera todos. Observo a mi besador con música de fondo, una mezcla de notas agudas creadas por la bocina de la chica, un trompetazo originario por la caída de la bicicleta y una vocalista que fue mi cuerpo siendo presionado por este suelo; es pálido y andrajoso, digamos que no es David Beckham pero qué tiene talento, tiene talento; por un segundo lo observo, pero sabía que lo nuestro no iba a funcionar, así que giro mi cabeza donde estaba mi príncipe salvador, rubio, crespo, alto y atlético, y veo que está junto con la niña del auto, la muy fachosa se baja y lo abraza, no es de envidia pero era bastante fea, su pelo largo y liso no le sentaba, tenía un rollito muy notorio que se le hacía con sus jeans apretados que marcaban sus piernas con estrías, muy poco para él, y no lo digo de envidiosa, lo que recuerdo es que aspiré el polvo del auto que se robaba a mi príncipe, me paré rápidamente y le dije ¡estoy bien, no te preocupes, llámame cuando quieras!.
No quiero ser petulante ni nada por el estilo, pero sé que lo tengo loco.
Si no los pudiera ver
Sandy Milling

No te niego que observaba al primer futbolista que se me pasaba por delante, y si es que no pasaba, simplemente lo buscaba. Es que chiquillas, no hay nada mejor que deleitarse con uno de esos filetes, uno desarrolla la vista de una manera increíble, pregúntenle no más a las que tienen buena vista, ellas saben lo que es bueno.
Y no estoy loca, pero salgo a la calle y están en todas partes, todos mirando, todos distintos, pero eso sí, nadie con el pie pequeño, quizás zapatos más caros y finos, o más cochinos y barrosos, pero como decía mi tía Irma son las envolturas que se sacan al comer el dulce.
De repente me pego uno que otro llanto, sobre todo cuando me siento sola, pero me di cuenta que no todo está perdido. Cuando hago el amor, pienso que estoy cerrando mis ojos y así todos mis sentidos se traspasan al límite de mi excitación, con decirte que me he acostado con Antonio Banderas y Brat Pitt, aunque entre nos, he tenido mejores.
Ahora puedo sentir sus espaldas anchas que son un mundo en mi mano, sus piernas grandes y velludas que se entrelazan en las mías y que cuando se estiran logran mostrar en el ambiente su genitalidad plena, pues puedo olerlo, ese aroma que se mezcla con sus cabellos humedecidos que derriten los vidrios hasta empañarlos.
¿Mi preferido? Complicado de elegir, pero me quedo con la pasión de los hombres claros, porque mi lengua se acerca hasta su brazos gigantes y protectores hasta sorber el más dulce chocolate blanco relleno de manjar, y si no estoy suficientemente azucarada, sus besos me endulzan y opacan mi cuerpo salado, que se siente cuando no puedo despegarme de ellos, y queremos ser uno sólo, tú hombre y yo mujer, tú mujer y yo hombre, en ese momento es lo mismo, porque el gusto cocina el sabor único de las dos carnes. Y si lo pienso mejor, nunca lo he pasado mal con los morenos secos, y es que la dulzura la pongo yo cuando esparzo en su cuerpo la transpiración, y él me ayuda al mismo tiempo barriendo con sus manos, de pronto devoro sus pies ya exploradores, y logro sentir el sabor a chocolate amargo, y me dan ganas de derramar crema caliente de esas bien líquidas que humean cuando están hirviendo, y mi lengua se resbala como en el hielo que quema y agarra un sabor dulce, pero aún está el chocolate amargo de sus piernas que me abrigan con violencia, y por primera vez lo amargo se hace lo más dulce. Si es como si sintiera sus olores en este momento, porque sus aromas quedan impregnados en mi piel corcheteando las heridas pasadas, y renovando las nuevas, y con tres pasadas a la lavadora se puede borrar las manchas recordatorias de las sábanas.
Claros y morenos se lustran en mi cuerpo y me abrazan como niños llorones que quieren a sus madres, y como plumeros en mi vientre comienzan a limpiar sus mejillas complementándolo con sus sonidos roncos y fuertes que verifican su identidad masculina, y cada gemido que se emite entre dientes traspasa a mis oídos hasta llegar a mis neuronas que se encuentran calientes de lo caliente, porque no hago otra cosa más que pensar en ellos, porque sus planicies me llevan a la curvatura del cielo, ese cielo placentero y perfecto que quisiera que dure la vida, y que con o sin vista, voy a saborear igual. (más…)